El tres

EL LUNES TE CUENTO

Luis Díez

Detrás de la mesa de madera noble, flanqueado por torres de libros y revistas, veíase al hombre. Su brazo izquierdo sujetaba la cabeza, la sien apoyada en el puño, en actitud reflexiva. Su mano derecha empuñaba un bolígrafo, la punta pegada al blanco papel de una libreta. De vez en cuando, con rápido movimiento de sísmico, anotaba unas palabras.

–¿En qué piensas? –le preguntó la mujer que acababa de entrar en la sala con un platillo y una taza en la mano.

–En el tres –dijo él.

La mujer sonrió, depositó la infusión en la mesa y le hizo consciente de su insuficiencia renal. Tenía los riñones hechos cisco.

–Hoy te toca diálisis a las once –le recordó y se retiró.

El hombre siguió pensando en el tres. El tres de los católicos: Padre, Hijo y Espíritu Santo, la Santísima Trinidad; las tres religiones de libro, el tridente de dios Neptuno; el tres político: el triunvirato, los tres poderes (legislativo, ejecutivo y judicial), derecha, izquierda, centro… Bueno, y en esos tiempos, la derecha tricéfala que una candidata socialista llamó “trifálica”. Salvo prueba en contrario, lo era. El tres pi (tres, catorce, dieciséis); el trío de la Bencina (comedia musical alemana); la trilogía de Arturo Baea (La forja de un rebelde); pasado, presente y futuro; cabeza, tronco y extremidades; a la tercera va la vencida; mañana, tarde y noche; tres tristes tigres; oro, plata, bronce; tierra, mar y aire… Tercero, tercio (preferible de cerveza a militar), triciclo, trienio, trípode… ¡Qué potencialidad la del tres! Cómo se clava, se incrusta, se empotra en la memoria de la gente.

Cuando entró en materia –el tres en la publicidad– ya llevaba dos hojas emborronadas sobre el número psicológico. Entonces anotó las tres emes del lema del duche faccioso: “Musolini, macho, marido”; las tres emes de Brasil: “Música, mujeres y Maracaná”. Y su propio lema, el lema comercial que tanto éxito le acarreó: “Bueno, bonito y barato”. Recordó a continuación otra exitosa ocurrencia. Al hilo del “vini, vidi, vincit” de Julio César, consignado por su escribiente Tirón, se le ocurrió aquel “llegué, vi… y compré” que se hizo tan popular. Su artículo para la revista publicitaria avanzaba a buen ritmo cuando alzó la vista y lo que vio fue el reloj a pique de dar las once.

«¡Por Júpiter!», exclamó. Se incorporó, agarró el bastón y salió a toda mecha. En corto trecho que le separaba de la parada de taxis se cruzó con un vecino guasón: “¿Dónde va don Lalio a tres patas?” A lo que, alzando el bastón con gesto amenazador, correspondió: “No le busque, don Gabo, tres pies al gato”. Ya en el taxi cayó en la cuenta de que los humanes somos los únicos mamíferos que andamos primero a cuatro patas (gateamos), después a dos y al final a tres. Y apretando la empuñadura del ligero báculo de caña se dijo: “Ya no está uno para el triple salto mortal; si acaso para el mortal a secas”.

A Eulalio Ferrer y los grandes publicistas españoles

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