A pelar dilemas

LOS LUNES TE CUENTO

Luis Díez

El recolector realizaba su tarea mientras meditaba sobre la vida. Alargó un brazo, agarró un dilema –¿Prefiere ser un ignorante feliz o un sabio desgraciado?– y lo depositó en la cesta. Dio unos pasos y recolectó otro –¿Si la Tierra es redonda, qué sentido tienen los términos arriba y abajo?–. Vio otro en su punto –¿Las ancas de rana son carne o pescado?– y lo echó a la cesta. Avanzó medio metro y recogió otro –¿Qué hacer al abrir una ostra: comérsela o ver si tiene perla?–, y otro más, y otro muy manoseado –¿Si el huevo sale de la gallina y la gallina sale del huevo, qué fue antes?–. Avanzó hasta el siguiente árbol y recolectó otro –¿Es preferible un amor de verdad o uno de ternura y mentiras?–, y otro –¿Si no somos algo para alguien seremos nada para todos?–, y otro –¿Reina la perplejidad porque soportamos a la monarquía o soportamos a la monarquía porque reina la perplejidad?–, y otro más –¿Hay guerras porque hay ejércitos o hay ejércitos porque hay guerras?–. Ya con la cesta llena, se sentó a pelar dilemas, le entró el sueño, se recostó en unos setos y se quedó dormido. Cuando despertó tenía la camiseta mojada como si hubiera nadado en un mar de dudas.

Al asno de Buridan

Deja un comentario